La exministra del Interior abordó en Discrepemos el escenario político chileno, el legado de Gabriel Boric, la derrota electoral de la izquierda y los primeros meses de la administración de José Antonio Kast. También cuestionó la propuesta sobre estados de excepción, defendió su gestión en seguridad y reconoció errores del anterior gobierno en el manejo del caso Monsalve.
La exministra del Interior y excandidata presidencial Carolina Tohá participó en un nuevo capítulo de Discrepemos, conducido por el periodista Juan Vallejos, donde analizó los principales desafíos de la política chilena y expresó sus reparos frente a algunas de las decisiones adoptadas por el gobierno del presidente José Antonio Kast.
Durante la conversación, Tohá cuestionó las credenciales democráticas del sector político que actualmente encabeza el Ejecutivo, aunque planteó que todavía es prematuro establecer un juicio definitivo sobre su administración.
“Este gobierno está recién empezando, no sabemos cómo va a ser. Ya lleva seis meses y algo sabemos, pero todavía queda mucho”, señaló.
Sin embargo, advirtió que “es innegable quiénes son los que encabezan este gobierno, que es un sector político que valora la dictadura de Pinochet hasta el día de hoy”.
La exautoridad también cuestionó los vínculos internacionales de la actual administración, mencionando a líderes como Donald Trump, Viktor Orbán y Nayib Bukele.
“No es un gobierno que, desde el punto de vista de sus credenciales democráticas, parta con una buena base”, afirmó.
Las críticas a la propuesta de estados de excepción
Uno de los momentos centrales de la entrevista estuvo marcado por el debate sobre la propuesta del Ejecutivo para modificar las atribuciones presidenciales durante los estados de excepción constitucional.
Tohá calificó la iniciativa como una amenaza a los contrapesos institucionales y advirtió sobre sus posibles consecuencias para el funcionamiento democrático.
“Es una reforma totalmente iliberal, es una reforma que instaura mecanismos que son propios de regímenes autoritarios en medio de una democracia”, sostuvo.
En esa línea, planteó que este tipo de iniciativas pueden conducir a sistemas políticos que mantienen sus estructuras democráticas, pero progresivamente pierden sus garantías fundamentales.
“Empieza a pasar esto de democracias que siguen formalmente, pero se vacían de sus principios”, explicó.
Consultada por las declaraciones del presidente Kast, quien manifestó sentirse ofendido al ser calificado como iliberal, Tohá respondió: “¿Qué le vamos a hacer? No es mi intención”.
Agregó que respaldar a gobernantes o regímenes que no respetan los estándares democráticos representa una contradicción para quienes rechazan esa calificación.
El futuro de la izquierda y la transformación de Gabriel Boric
La conversación también abordó la identidad ideológica de la exministra y el futuro de la izquierda chilena después de su derrota electoral.
Tohá rechazó la idea de que exista una izquierda auténtica, representada por sus sectores más radicales, frente a una centroizquierda que ocuparía una posición intermedia.
“Yo creo que la izquierda en realidad es las izquierdas. Hay muchas izquierdas”, explicó, reivindicando su pertenencia a la tradición socialista chilena y su cercanía con la socialdemocracia.
“Sigo pensando hasta el día de hoy que lo mejor que ha producido la humanidad como orden social son los sistemas socialdemócratas”, afirmó.
Respecto de la evolución política de Gabriel Boric durante su presidencia, la exministra evitó describirla como un desplazamiento hacia el centro político.
“No me gusta hablar de que se centró. A mí me gusta hablar de que se puso más pragmático, que se puso más realista”, señaló.
También reconoció que el ejercicio del poder modificó la mirada política del exmandatario.
“Toda la gente madura mucho cuando pasa por el gobierno, incluso los que son mayorcitos”, agregó.
En cuanto a la derrota electoral del progresismo, Tohá identificó dificultades para conectar con un electorado menos vinculado a los partidos políticos, particularmente después de la implementación del voto obligatorio.
A su juicio, el electorado que respaldó inicialmente a Boric no era suficiente para asegurar una nueva victoria presidencial.
“Si uno quiere generar propuestas socialistas, progresistas para Chile, hay que barajar el naipe de otra manera”, sostuvo.
Carabineros, seguridad y las contradicciones del estallido social
La exministra también recordó su experiencia al frente del Ministerio del Interior, particularmente su relación con Carabineros y los desafíos que enfrentó la institución durante la administración de Boric.
Tohá valoró el trabajo desarrollado con los mandos policiales y reconoció que su paso por Interior le permitió conocer una institución que enfrentaba simultáneamente una crisis de confianza y la expansión del crimen organizado.
“Es una institución que tiene problemas como todas las instituciones, no es verdad esta idea de que es perfecta, que jamás se equivoca Carabineros, pero es una tremenda institución y tiene una fortaleza gigantesca”, afirmó.
La exautoridad también reconoció que las duras críticas contra Carabineros durante el estallido social terminaron afectando la credibilidad del gobierno de Boric cuando posteriormente debió enfrentar los problemas de seguridad pública.
“El problema es que la crítica se llevó a un punto […] se descalificó la institución a un punto que fue disonante para la sociedad”, señaló.
Según Tohá, esa situación dificultó que la ciudadanía reconociera los esfuerzos realizados posteriormente en materia de seguridad.
“Eso yo creo que le quitó mucha credibilidad a todo el énfasis que se le dio a seguridad después en el gobierno”, explicó.
El cambio de nombre de Calles sin Violencia
Otro de los cuestionamientos dirigidos al actual Ejecutivo estuvo relacionado con el tratamiento presupuestario del programa Calles sin Violencia, implementado durante el gobierno anterior.
Tohá manifestó su sorpresa ante la información de que el programa ya no figuraba con su denominación original y que, según la explicación entregada por el gobierno, continuaría bajo otro nombre.
“Lo que me pareció muy vistoso y muy inexplicable es que uno de los programas más relevantes en el cambio de tendencia al tema de homicidios fue el programa Calles sin Violencia”, afirmó.
Ante la posibilidad de que la modificación respondiera a un intento de eliminar el legado político de Gabriel Boric, la exministra evitó atribuir directamente esa intención al Ejecutivo.
“Que lo expliquen ellos”, respondió.
Sin embargo, defendió la continuidad y el reconocimiento de las políticas públicas que considera exitosas.
“Cuando hay un programa en un país que se creó en medio de una crisis, que permitió frenar una tendencia a deterioro y revertirla, es un capital del país. Y borrarlo de la historia es descapitalizar el país”, sostuvo.
Pinochet, el plebiscito de 1988 y la polarización
La entrevista también abordó el significado histórico de que José Antonio Kast, quien participó en la campaña del Sí durante el plebiscito de 1988, haya llegado a la Presidencia de la República.
Tohá, quien participó en la franja del No, aseguró que su principal preocupación no radica en la posición que una persona adoptó durante aquel proceso electoral, sino en la valoración que mantiene actualmente sobre la dictadura.
“A mí lo que más me impresiona no es que alguien que haya votado por el Sí pueda ser presidente. Lo que me impresiona es que hasta el día de hoy defiende ese régimen”, declaró.
La exministra también cuestionó el nivel de polarización que caracteriza a la política chilena y llamó a recuperar espacios de acuerdo entre sectores ideológicamente distintos.
Advirtió que la democracia no puede funcionar bajo una lógica en la que los adversarios políticos sean considerados enemigos.
Los fracasos constitucionales y las responsabilidades políticas
Sobre los dos procesos constitucionales rechazados por la ciudadanía, Tohá realizó una evaluación crítica de las responsabilidades de ambos sectores políticos.
Respecto de la primera Convención Constitucional, señaló que la propuesta terminó convirtiéndose en una acumulación de demandas particulares, en lugar de construir un proyecto transversal.
Entre los errores identificó la incorporación de materias que, a su juicio, debieron permanecer en el ámbito legislativo, como el aborto, además de debates sobre plurinacionalidad y cambios a las policías que generaron inquietud en parte de la ciudadanía.
La exministra también destacó el trabajo realizado por la Comisión Experta durante el segundo proceso, valorando que representantes de distintas sensibilidades políticas lograran acordar una propuesta.
Sin embargo, criticó al Partido Republicano por impulsar modificaciones que terminaron alejando el texto de ese acuerdo inicial.
A su juicio, el segundo proceso desaprovechó la oportunidad de alcanzar una Constitución compartida.
Política exterior y la relación con Estados Unidos
En materia internacional, Tohá cuestionó la orientación del gobierno de Kast y advirtió sobre los riesgos de que Chile pierda su tradicional capacidad de mantener relaciones con diferentes potencias.
La exministra defendió una política exterior basada en el equilibrio, la diversificación comercial y la autonomía frente a los grandes bloques internacionales.
“Yo creo que hay una liviandad para mirar este cuadro global. Yo creo que no se le ha tomado el peso al costo que tiene para Chile perder esta imagen mundial de que es un país muy equilibrado”, afirmó.
También cuestionó la adhesión chilena a la iniciativa internacional denominada Escudo de las Américas, señalando que el país debió intentar mantener su condición de observador.
A su juicio, esa alternativa habría permitido resguardar los vínculos con Estados Unidos sin comprometer las relaciones estratégicas con China, la Unión Europea y otros socios comerciales.
“Chile tiene peso en el ámbito internacional”, enfatizó.
El caso Monsalve y los errores del gobierno anterior
Hacia el final de la entrevista, Tohá se refirió al caso del exsubsecretario del Interior Manuel Monsalve y al impacto que tuvo sobre la administración de Gabriel Boric.
La exministra calificó la acusación como gravísima y reconoció errores en la reacción inicial del Ejecutivo.
“Fue un muy mal error de diseño el haber esperado esas no sé cuántas habrán sido, como treinta y tantas horas, para reaccionar”, señaló.
Según explicó, esa demora permitió que se instalara la percepción de que el gobierno solamente había tomado medidas después de que los antecedentes se conocieran públicamente.
Tohá reconoció que el episodio provocó un daño político importante, especialmente considerando la agenda feminista impulsada por la administración anterior.
No obstante, defendió los avances del gobierno de Boric en materia de derechos de las mujeres, cuidados, pensiones y persecución de deudas por pensiones alimenticias.
“Causó un daño. Claro que causó un daño”, reconoció, aunque sostuvo que aquello no invalidaba las políticas implementadas.
Finalmente, confirmó que mantiene una relación cercana con el expresidente Gabriel Boric y que ambos continúan conversando frecuentemente.
La advertencia sobre el futuro de la democracia
Más allá de la contingencia política, Tohá planteó una reflexión sobre el deterioro de la confianza ciudadana en las instituciones democráticas.
La exministra sostuvo que las sociedades tienden a dar por garantizadas las libertades y derechos conquistados, olvidando los esfuerzos históricos necesarios para mantenerlos.
“La democracia es como las relaciones de pareja. Si tú no le pones todos los días de tu parte, se empieza a deteriorar aunque tenga mucha fortaleza inicial”, reflexionó.
También advirtió que la política debe recuperar su capacidad de construir proyectos colectivos, en lugar de limitarse a responder demandas individuales.
En ese contexto, identificó el temor ciudadano frente a fenómenos como la delincuencia, la migración, la inteligencia artificial y la incertidumbre internacional como uno de los principales desafíos de las democracias contemporáneas.
“Cuando las personas tienen temores, del miedo pasan al odio. Y del odio pasan al autoritarismo, al fascismo, a la guerra”, advirtió.
Para Tohá, la respuesta de la política debe comenzar por reconocer esas preocupaciones y ofrecer soluciones antes de que el descontento se transforme en rechazo a la propia democracia.



