Pocos días después que haya regresado de Kiev, en febrero, un perfil en Instagram llamado @cuervoso me escribió. Había visto los videos y fotografías que había tomado durante el aniversario de la Invasión Rusa a Ucrania y quería saber si aún estaba en el país. Pero yo ya había regresado a Madrid.
Cuando supe que volvería a Ucrania y le escribí inmediatamente. No solo por la curiosidad que me provocaba conocer a un chileno viviendo en un país bajo ataque, sino que @cuervoso, cuyo nombre real es Sebastián Vackflores, se encontraba batallando en Ucrania. No era un turista.
Nos encontramos a la salida de un centro comercial frente al Hotel Ukraine en donde yo me alojaba. Vestía su traje mimetizado y en su brazo derecho pude notar dos insignias: una con la bandera de Ucrania y otra con la chilena. “No me gusta mucho andar con el traje militar en las calles”. Me dijo que no le gusta llamar la atención.
Sin embargo, al poco andar, un grupo de tres niños se me acercó mostrándome su celular. En la pantalla decía en inglés que les tomara una foto junto a Sebastián. Les tomé tres. Sebastián se reía y me decía que era común. No es que sea un rockstar, pero en Kiev es común que las personas pidan tomarse fotos con los militares. Sobre todo con aquellos que no son ucranianos. “Lo agradecen, son cariñosos”, me contó Sebastián mientras caminábamos en dirección a un café a pocas cuadras del Maidán.
Entramos al café y el barista lo saluda con euforia. Lo conocen, es uno más de la casa. Se comunican en inglés, algo no común pues no son muchos los ucranianos que hablan algún otro idioma que no sea el nativo o el ruso. Dos café latte y dos cheesecake de maracuyá. Nos sentamos frente a una mesa, puse mi grabadora y le pregunté: “¿Qué haces aquí?”.
Siempre hay un chileno, dicho popular. ¿Pero ese dicho considera guerras con amenaza atómica? Lo dudo, es poco común. Sebastián reía, bebió un sorbo y me contó un poco de su historia.
En su pómulo izquierdo tiene una cicatriz rojiza que pudo haber sido peor. Pasó por varias cirugías y estuvo al borde de perder la visión de sus dos ojos. Una vez, mucho antes de que Ucrania estuviera en los planes, trató de calmar una pelea. ¿El resultado? Puñaladas y un corte profundo en su cara con una botella rota. Su recuperación fue dolorosa. Le incomodaba salir y que a las personas les llamara la atención su rostro.
Chile había entrado en aislamiento producto de la pandemia por COVID-19 y además de la soledad que muchos vivieron en todo el mundo, Sebastián debía lidiar por el estrés postraumático que atravesaba. Fue ahí que por medio de redes sociales conoció a Diana, una ucraniana con la que comenzó a hablar primero de películas y juegos de computador.
Pero, con el paso del tiempo, ella se convirtió en un pilar clave para Sebastián en medio de la soledad del aislamiento, la rehabilitación y el proceso tras sus cirugías y heridas que aún sanaban.
Cuando aún Putin no anunciaba su “operación militar especial”, Sebastián algo sospechaba. Sabe de tanques y artillería. “Trabajé como traductor para una empresa que hacía juegos y simuladores de tanques y creo que sé identificar qué tanque es, e incluso, sé dónde tienen el depósito de municiones, lo cual es muy útil ahora”.
Llegó el 24 de febrero de 2022, se inició la invasión. Sebastián compró pasajes, pero cuando tenía ya todo coordinado, Diana lo llamó para decirle que ya estaba en Polonia. Que había logrado salir. Sin embargo, eso no frenó la idea de Sebastián de querer ir a ayudar a un país en conflicto que queda a más de 13 mil kilómetros de Chile. Quería ir a buscarla, quería ir a Ucrania para evitar que se tomaran Kiev. “Y que no se muera ella”, agrega.
Sin embargo se cuestionó que, si de verdad la amaba, no bastaba solo con estar con ella. “Si quería solucionar el problema, combatiría por su país, por su gente, por ella. Para que algún día volviera a sonreír y para que algún día pudiera volver a hablar del futuro con tanta confianza como la tuvo en algún momento antes de la invasión”.
Esto no es Hollywood, y si bien Diana fue un pilar fundamental para Sebastián, y él sentía que debía apoyarla y protegerla mientras su país era invadido, la relación ya terminó. Pensó que con ese término cerraría su capítulo con Ucrania. “Fue bueno mientras duró”, reconoce. “Me había enamorado de ella, pero también de su país y su cultura”, afirma.
Pidió su retiro voluntario solo teniendo 27 años para ir a la guerra. Ya lleva meses en Ucrania entrenando y batallando por un país lejano que dice que lo ha cautivado.
Javier García-Campos conoce a Sebastián desde 2015 en la Escuela Militar. Al principio no se llevaban muy bien. “Pero el Ejército hizo lo suyo, que es unir la gente”, comenta. Sobre la decisión de su amigo de ir a una guerra de un país ajeno, García-Campos reconoce que fue una preocupación.
“Estar en un país como Chile, medianamente seguro, e ir a meterte a un conflicto en la que no hay familiares involucrados es fuerte. Pero Sebastián siempre mira todo con altura de miras”. Cuenta también que Sebastián es un ciudadano de mundo y respeta su decisión. “Es súper valorable, lo entiendo”.
Cuando Bastián Sepúlveda se despidió de Sebastián, le dijo que sí o sí debían volver a verse. Se conocen desde hace ocho años. Lo conoció en la Escuela Militar y al igual que Javier, se preocupó por su amigo. “Su vida correría peligro, se está jugando la vida en el extranjero”, pero eso no quita el orgullo que tiene por él. “Tomó una decisión difícil para apoyar y cuidar a una persona muy querida por él”.
Maximiliano Gómez lo conoce desde la enseñanza media y sintió lo mismo que todos. “Fue fuerte”, cuenta. Y agrega que, de vez en cuando, bromeaban con el hecho de que iba a ir a la guerra. “La última vez que nos vimos le dije que nos teníamos que volver a ver y que, si decidía quedarse en Ucrania, yo iría para allá a verlo. Somos muy buenos amigos, me afectó el hecho de que se haya ido”.
Por otra parte, su madre lloró. Vackflores le fue contando por parte.Primero que iba a entregar ayuda humanitaria, luego que iría personalmente a entregar a esa ayuda, pero después ya era evidente.
No puede relatar en detalle lo que ha hecho o lo que ha visto en las operaciones especiales de las cuales ha sido parte. Tampoco precisa en qué lugares ha batallado, pero que sí ha estado en el conflicto. Es un desafío relatar una historia de la que no se puede decir mucho. “Llegar en silencio e irse en silencio, fue lo que me dijeron cuando comencé a aportar aquí”. Pero puede dar sus apreciaciones de algunas cosas.
Sebastián dice que el Ejército Ruso tiene solo un escalafón, a diferencia del ucraniano. “Además no maniobran, solo tiran gente. Solo van al frente”, asegura. Y agrega que esa es una de las razones por las que Rusia no ha podido lograr su objetivo. “Están menos preparados de lo que imaginaron”. Además de fuerte sentimiento patriota y de unidad que vive la sociedad ucraniana. Si creen que los ucranianos están desmoralizados o superados por un sentimiento derrotista, lo cierto es que no.
“Se están enfrentando a una potencia militar y Ucrania tiene una superioridad táctica y operacional”. Sebastián agrega que dicha superioridad la fueron desarrollando desde el inicio de la guerra del Donbás en 2014, pues en aquella instancia los ucranianos habrían notado que debían actualizar sus entrenamientos. “Ahí comenzaron a entrenarse con doctrina OTAN, pero aún deben lidiar con algunos temas, porque hay personas de mayor edad que son reticentes a los cambios y melancólicos de la doctrina militar soviética”.
Sebastián cuenta en su Instagram su experiencia. Red social por la cual le dan apoyo y motivación. Pero en la que también comentarios de rusos que le escriben en inglés por mensaje privado asegurando que le cortarán la cabeza y que se le enviarán a su madre.
Al preguntarle por su opinión sobre aquellos chilenos que comentan en redes sociales que lo dicho por occidente son fake news o que Rusia está haciendo lo correcto, Sebastián ríe un poco y expresa hastío con sus ojos, mirando hacia arriba antes de responder: “Los rusos han violado a mujeres, han raptado niños, han torturado”.
Cuenta que los rusos les han cortado la cabeza a prisioneros ucranianos mientras suplican que no lo hagan. Que han matado a sus propios compatriotas porque se han retirado antes, y que los mercenarios de Wagner han reventado las cabezas de sus miembros a martillazos acusándolos de traidores. “Quienes hoy apoyan a Rusia, que en este momento está tratando de nazi a Ucrania, no se dan cuenta de que Rusia es la fascista”, afirma Sebastián quien, con una expresión de resignación, agrega: “Bueno, algunos creen que la tierra es plana”.
—¿Has visto cosas feas? —pregunté. Y me dijo que sí, muchas. No me dio detalles, me dijo que no podía, pero también me dijo que había visto lo mejor del ser humano. Como el apoyo y la lealtad entre sus colegas.
Nos quedamos en silencio. Pedí la cuenta, caminamos un par de cuadras, nos separamos en la entrada de la estación de metro y le pedí que se cuidara.
*Esta crónica fue publicada originalmente en el sitio Copano.news y es parte del libro «Crónicas desde la Guerra en Ucrania«.



