Mucha agua y poco café. Una urgencia de salud y un almuerzo que nunca existió. Euforia por Milei y un cubano que gritaba en contra del comunismo entre otros particulares momentos. Para algunos un festival de derecha con un Line-Up que pudo ser mejor, para otros un importante foro para involucrarse en la batalla cultural y para varios la cumbre de la ultraderecha hispanoamericana.

Para cualquier amigo mío de izquierda habría sido imposible estar donde yo estuve ese jueves 3 de septiembre. El Foro de Madrid se hacía por primera vez en Santiago y yo figuraba en Casa Piedra de San Carlos de Apoquindo a las nueve de la mañana esperando que me dieran mi credencial de prensa.
El día anterior había recibido un correo que me confirmaba que todo mi proceso de acreditación se había realizado correctamente. Estaba inscrito a mi nombre como periodista y el medio por el que iba era este mismo, Discrepemos.
Sin embargo, no aparecía en la nómina. O al menos eso fue lo que me dijeron las chicas que entregaban las credenciales y que muy amablemente me habían preguntado mi nombre y apellido.
No era el único en dicha situación. A penas llegué habían otros dos periodistas que esperaban por una respuesta. Les decíamos que teníamos el correo que comprobaba la acreditación y que expresaba lo siguiente: «Este correo sirve como entrada al evento. Para acceder, deberá mostrar este mensaje junto con su documento de identidad, cédula o pasaporte».
Pero a pesar de eso, ellas dijeron que no sabían que hacer. Les pregunté entonces si podía entrar como asistente general dado lo que decía el correo. Me dijeron que lo podía intentar. Entonces me cambié de fila y caminé hacia los mesones en donde los asistentes que se inscribieron recibían su credencial de visita general.
Les expliqué la situación y para mi sorpresa me dijeron que me había inscrito como prensa. ¿Qué sucedía entonces? ¿Estaba inscrito o no? Tal vez habían decidido que no podía entrar. Pero en la confusión de repente alguien dijo «dale la credencial de general no más«. Y así sin más pude entrar. Me colgué la credencial al cuello y di media vuelta para bajar los escalones hasta llegar al otro lado de donde se tenía que instalar la prensa.
Si bien cordialmente me sacaron de ahí, eso fue recién a media tarde y ya había podido darme las politivueltas necesarias para hacerme una imagen de quienes iban, de lo que se comentaba y de lo que produce el Foro Madrid en las personas que asisten.
En un primer paneo general vi a Ítalo Omegna, su primera aparición en un evento luego del escándalo. Para muchos de los asistentes con los que conversé les parecía complicada su participación en el foro aunque no expusiera. Su sola presencia consideraban que enlodaba el evento dada la polémica. Sin embargo, Omegna sonreía, se movía con facilidad entre las personas y muchos le pedían fotos y lo saludaban.
Johannes Kaiser también era otro que acaparaba la atención. Al igual que Omegna se daba el espacio para grabar videos de saludos, tomarse fotos y conversar con cualquiera que le acercara. También con la prensa ubicada del otro lado de la valla papal.
Era un escenario mayoritariamente masculino. De hecho del total de expositores solo seis eran mujeres y eso de alguna manera se podía ver entre los asistentes. Una de las pocas parlamentarias que vi fue Chiara Barchiesi que fue junto a su hija de pocos meses.
Entre vasos de agua, ceniceros y cafés que se hicieron pocos, se podía ver también a Nicolás Ibáñez, Carlos Larraín, Pier Karlezi, Hans Marowski, Leandro Kunstmann entre decenas de militantes jóvenes del Partido Republicano y Nacional Libertario vestidos de tenida formal y luciendo sus chapitas partidarias.
Es más, a pesar de que no había un código de vestimenta pareció existir uno de forma implícita. El joven republicano viste de traje. Algunos con corbata y otros pocos sin. Usan zapatos e imperan el azul y el negro. No había una diversidad de colores o vestimentas como las que he visto en otros foros o asambleas de las izquierdas chilenas. Tampoco habían muchas zapatillas y quizás lo más relajado fue ver a algunos usando jeans en vez de un pantalón de tela.
El diputado Orrego de Renovación Nacional en ese sentido destacaba con su estilo habitual y también por ser uno de los pocos representantes de Chile Vamos junto al diputado Ricardo Neumann de la UDI y el exministro de Sebastián Piñera, Julio Isamit.
Por otra parte, el militante libertario parecía ser más desordenado. Si bien también iban de traje, este parecía quedarles un poco grande. El pelo lo llevaban, a diferencia de los republicanos, más desordenado y algunos largo. Las corbatas se usaban menos y algunos reemplazaron los zapatos por zapatillas de color negro.
Mis politivueltas fueron varias, pero tal como dije anteriormente, solo duraron hasta que cordialmente me sacaron del lugar para ubicarme con los otros medios detrás de la valla papal. Habían dado aviso que andaba por ahí y que estaba mirando demasiado. Pero como dije anteriormente fue suficiente. Pude conversar con algunos jóvenes republicanos que en off me decían que el 11 de septiembre era un día de reflexión, que estaban a favor del aborto, del matrimonio igualitario y de otras iniciativas llamadas valóricas que no suelen ser del gusto del partido republicano ni libertario.
Eso sí, aseguraban que no eran cosas que pudieran decir en voz alta entre sus pares. Que las prioridades eran otras.

El almuerzo que no se entendió
A todos se les informó vía correo que no se podía llevar bebidas, jugos, agua o comida. Además en la organización se daba un espacio para el almuerzo. Sin embargo, muchos entendieron eso como que ahí se iba a ofrecer algo, pero no. Cosa que incomodó a muchos que tuvieron que salir del recinto ubicado a un lado del Claro Arena para comer algo.
El gran ausente
Santiago Abascal, sin duda al alguna. El líder de Vox y fundador del Foro de Madrid no estuvo presente en la cita y eso se notó. Probablemente fue uno de los más mencionados en los discursos y uno de los que más aparecía en los videos que se proyectaban de vez en cuando entre cada panel.
Su ausencia fue explicada por el Secretario General de Vox, Ignacio Garriga, quien además fue el primero en exponer. Garriga en su discurso saludó al presidente de Chile y al de Argentina, sin embargo ni uno de los dos estaba presente en ese momento. Y respecto a la ausencia de Abascal, Garriga explicó que Pedro Sánchez, Presidente de España, había adelantado su comparecencia extraordinaria respecto a la crisis de Ceuta con total intención de que calzara con la fecha del foro y así evitar que Abascal asistiera.
El plato fuerte: Milei
El más esperado por todos. A penas entró al salón los aplausos sonaron fuerte. Por su parte el discurso fue menos caótico que sus típicas intervenciones, pero no por eso poco polémico. El Presidente de Argentina se dio el lujo de insultar a chilenos que no piensan como él estando en Chile (zurdos mugrosos). Esto frente a otros chilenos que eufóricos le aplaudían con gracia sus dichos. Una locura total. Más aún con los gritos de un cubano que cada vez que Milei pronunciaba la palabra comunismo se exaltaba. Lo mismo con la palabra libertad.
Entiendo el trauma que debe tener dicho cubano con su país, viven una dictadura atroz y su población esta consumida en la pobreza y subdesarrollo, pero dicho lugar no era para andar gritando. Incomodaba y nadie le seguía el juego. Por otra parte, era el único con polera. Una con la bandera de Cuba y la frase «queremos libertad». Con eso bastaba.
El Batallón John Cobin
En una parte de la entrada del recinto estaba John Cobin, el ciudadano estadounidense condenado por disparar contra manifestantes durante el estallido social en Reñaca. Estaba ahí vendiendo su libro «Llevando la Cruz». Junto a él estaba el autodenomiado Batallón de John Cobin, personas que lo acompañan a los eventos y que al menos uno de ellos se define a si mismo como anarcocapitalista. Al igual que otras figuras cuestionadas por la opinión pública más allá de esas paredes en Casa Piedra, Cobin recibía saludos de personas y fotografías.
¿El show debe continuar?
Un momento complicado ocurrió mientras la diputada austriaca Barbara Kolm hablaba que los verdes (ecologistas) eran responsables de varios de los problemas económicos. A pocas sillas de mí un grupo de personas comenzó a moverse con apuro. Un joven asistente se descompensó y todos a su alrededor comenzaron a auxiliarlo.
Pero a pesar de todo lo que estaba ocurriendo, la conferencia seguía. Corrieron sillas, gente ayudó, llegaron guardias y una persona fue a avisar para que llegara un paramédico. Pero aún así, la conferencia siguió como si nada.
Terminado el tenso momento (el joven está bien), terminaba también el panel y era el momento del cierre de la jornada con el discurso de José Antonio Kast.
José Antonio Kast al cierre
Se suponía que hablaría el Ministro de Seguridad, Martín Arrau, en el foro. Pero durante el transcurso del evento se avisó que se había bajado. Según se supo, esto se debió porque una reunión con la Asociación de Municipalidades se extendió más de lo previsto. Sin embargo, en el mismo foro algunas voces aseguraban que esto se había dado para que el Presidente no hablara tan tarde. El evento había comenzado una hora tarde y de concretarse la presentación de Arrau, Kast hubiera subido al escenario a eso de las ocho de la tarde.
«José Antonio, José Antonio» gritaba la gente apenas se puso al centro del escenario para hablar. Aplausos de pie. El salón estaba lleno a pesar de que varios libertarios se habían retirado antes.
El Presidente muy a su estilo dio un discurso haciendo un repaso de como llegó a la presidencia. Desde su primera postulación presidencial hasta lograr la piocha de O’Higgins. También agradeció a la prensa, cosa que me llamó la atención debido a los problema que hubo al inicio con mí acreditación y la de otros colegas.
Pero lo más llamativo del discurso no fue precisamente lo que dijo, sino lo que pasó después. Finalizado su discurso se informó por altoparlante que los asistentes se podían sacar una foto con el Presidente.
Había que hacer una fila y una parte importante de los presentes la hizo. José Antonio Kast estuvo un poco más de una hora tomándose fotos. De hecho el tiempo de fotografías duró más que el propio discurso.
Me quedé mirando el proceso. Estaba todo fríamente calculado. Cuando era tu turno le pasabas tu teléfono a una persona que rápidamente desbloqueaba el teléfono para poner la cámara y luego se la pasaba a otra persona tomara la foto.
Y así fue con decenas de personas que hicieron fila para posar junto a Kast y dos banderas de Chile con el escudo. Terminaba ese jueves de Foro Madrid y yo esperaba con hambre volver a mi casa para comer algo.



